BLOG CERRADO

El último que apague las galaxias…

Carta abierta a mis hermanos humanos...

Carta abierta a mis hermanos humanos.
Con copia a los extraterrestres de las Galaxias vecinas.
Por Analía Alvado

Hace tiempo que me había propuesto escribir estas líneas, varias circunstancias habían dispersado mi esfuerzo y atención hacia otras urgencias. Pero el tiempo es tirano y la vida se me viene encima, hoy siento la perentoria necesidad de hacerlo, de no dejarlo pasar un sólo momento más. Podría buscar una excusa astronómica y decir como los antiguos, que los astros del firmamento se encuentran en alguna mágica y oportuna posición. Podría decir, entrando en un plano más esotérico, que “algo” o “alguien” me dice que lo haga o que desde otra dimensión, recibo la señal que me indica que “este” es el momento. Sin embargo y como casi siempre, la realidad es mucho más prosaica y la realidad dice, simplemente, que escribo ahora, porque ahora “se me canta”….

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¡Cuánta libertad!... algunas centurias atrás, semejante negación de la divina inspiración me hubieran condenado a la más oprobiosa de las descalificaciones y hasta incluso, a la hoguera… pero corre el 2009… ya pasaron ocho largos años de aquella fecha emblemática, en la que para algunos llegaría el fin del mundo y para otros, habría que empezar a saltar de gozo al pedo, en una suerte de “jubileo” tan infundado como pelotudo … en fin, que quieren que les diga, hermanos humanos y primos humanoides, para mi, no fue, ni lo uno, ni lo otro… y además tengan en cuenta que yo escribo desde la Argentina y eso, como está científica e históricamente demostrado, siempre cambia bastante la perspectiva.

Bueno, el año 2000 no nos trajo el fin del mundo, pero por imposición de la aritmética, lo que si nos trajo, fue el 2001, número que en mi país es sinónimo de “casi” todos los males. Para que lo entiendan mis congéneres del resto del planeta, acá, decir 2001 sin decir “crisis”, es como hablar de “los Medos”, sin mencionar a “los Persas”.
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Para el hipersensible bolsillo de algunos de mis compatriotas, ese fue el año más negro de nuestra argentinidad. Tan negro fue, que justificó, que en previsión de nuevas debacles por el estilo, mis conciudadanos eligieran, para conducir los destinos de nuestra Nación, a un mamarracho, física y moralmente “impresentable”y no satisfechos, con sus cuatro años de palmarias demostraciones de resentimiento, inescrupulosidad y vilezas de toda índole, confirmaran nuevamente en las urnas por cuatro años más, “la continuidad del modelo”, dejándonos esta vez, en manos de una siliconada marioneta, a la sazón, la propia consorte del primer impresentable, nuestra actual presidenta.
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Lo mejor del caso, es que todo el precio “moral”, que como sociedad pagamos en aras de una supuesta estabilidad económica, lo pagamos al pedo. La “crisis del 2001”, fue, a la crisis global, cuyos nefastos efectos se avecinan, un resfrío comparado con una neumonía galopante. Sólo que esta vez, “el paciente” carece abrigo, se le acabaron los remedios y además esta “solo” y peleado con toda su familia.

Pero que le vamos a hacer, los argentinos, los habitantes de esta parte del planeta Tierra somos así… siempre cuidando el bolsillo y siempre descuidando el orto, perdón el “otro” lado de las cosas.

Cuando aplaudimos el “default nacional”, (algo así como si un comerciante o industrial aplaudiera su propia quiebra), de alguna manera, le mostramos al mundo, que un extraño fenómeno osmótico, solo posible en estas latitudes, había finalmente desplazado de nuestras seseras la poca materia gris presente, remplazándola, indudablemente, por abundantes cantidades de materia fecal.

Y en sintonía con la materia que rige nuestras decisiones, de allí en más, todo comenzó, inexorablemente, a volverse un poco más marrón cada día.

Así las cosas, llegamos al día de hoy, al día en que finalmente se me da por escribir estas opiniones, que resultan en un escatológico análisis de la realidad social de nuestro país. Precursores de todas las calamidades y detractores de toda superación, dentro de poco y de seguir por este camino, el análisis de nuestra sociedad ya no será el terreno de trabajo de sociólogos y filósofos, sino de bioquímicos.
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El egoísmo nos cercó y fagocitó. Cedimos todos nuestros principios e ideales a cambio del relevo de cualquier esfuerzo o sacrificio. Exigimos bienestar y como a los Maderos de San Juan, que piden pan y no le dan, ahora sólo falta que nos corten el pescuezo, porque “el queso”, como todos sabemos, ya se lo repartieron los cleptócratas que conforman nuestros sucesivos y “legítimos” gobiernos “democráticos”.
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Ahora, que si hacemos un esfuerzo y logramos drenar un poco de la mierda que nos obnubila, digamos, hasta que el fétido nivel descienda por debajo de los ojos, podremos ver la magnitud del “cagadón” que nos hemos mandado. Podremos ver como en pocos años se han degradado todas nuestras instituciones. Podremos ver como la seguridad y la justicia, dejaron de ser servicios exigibles, para convertirse en meras expresiones de deseo insatisfecho. La educación se ha convertido en una corporación de permanentes demandantes de mejoras y prebendas sectoriales, que canalizan sus esfuerzos, en “deformar”, con todo el ímpetu de su “vocación”, las presentes y futuras generaciones de argentinos, con los resultados que ya están a la vista. Nuestra cultura y nuestra historia tampoco se han mantenido a salvo. Puestas en custodia, de lo más granado y representativo del pensamiento subversivo, es aquí, tal vez, donde justamente comenzó todo.
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Hemos perdido definitivamente nuestro orgullo nacional y lo hemos perdido el mismo día y en el mismo lugar, que perdimos la vergüenza. Cuando le dimos la espalda a la historia, negando aquello mismo que habíamos visto con nuestros propios ojos. Cuando decidimos “creer” por necesidad, resentimiento o conveniencia, una historia que sabíamos tan falsa, como la más fantástica de las fábulas. Y así, en el mismo momento en que “aparecieron” en la “memoria artificial” los supuestos 30.000 desaparecidos, desaparecimos el resto de los 35.000.000 de argentinos.
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Cuando traicionamos a nuestras instituciones, nuestros hombres y nuestros símbolos para asegurarnos la consolidación de la mentira “democrática”, sellamos nuestro destino. Pero no nos quedamos ahí, como si no fuera para nosotros, como sociedad, ya suficiente la vergüenza, no vacilamos en encarcelar a nuestros soldados, premiar a sus enemigos y terminar con todo vestigio de nacionalidad y patriotismo.
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Alguno de mis compatriotas ya se habrán preguntando por qué le escribo esta carta abierta, focalizada en problemas tan nuestros, al resto de mis hermanos humanos y extraterrestres vecinos. Lo hago, justamente, porque apelo a que la imbecilidad sea simplemente un fenómeno local, a que la ola de mierda no haya llegado tan lejos y entonces, si alguien me escucha, a lo mejor todavía puedo albergar, la remota esperanza de un rescate.

Atte., Analía Alvado

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2 comentarios:

María Laura dijo...

COMO DICEN LOS PIBES....

CRI, CRI, CRI

ME DEJASTE SIN PALABRAS.

GENIAL

BESITOS.

CONTRAKRA dijo...

Hola, les informo que el espacio de HERNÁN HAINES distinguió a Contra KRA con el premio: DIFUSORES DE VERDADES.

¡¡El Premio es de Todos!!

Un Abrazo,

http://contrakra.blogspot.com/

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